martes, 17 de junio de 2008

A la espera de la oscuridad

Ese instante que no se olvida Tan vacío devuelto por las sombras Tan vacío rechazado por los relojes Ese pobre instante adoptado por mi ternura Desnudo desnudo de sangre de alas Sin ojos para recordar angustias de antaño Sin labios para recoger el zumo de las violencias perdidas en el canto de los helados campanarios. Ampáralo niña ciega de alma Ponle tus cabellos escarchados por el fuego Abrázalo pequeña estatua de terror. Señálale el mundo convulsionado a tus pies A tus pies donde mueren las golondrinas Tiritantes de pavor frente al futuro Dile que los suspiros del mar Humedecen las únicas palabras Por las que vale vivir. Pero ese instante sudoroso de nada Acurrucado en la cueva del destino Sin manos para decir nunca Sin manos para regalar mariposas A los niños muertos

se llama Leia

un instante para recobrar el alientO

Hoy pidO desesperadamente al tiempo Que se apiade de mí Que en un acto de inmensa misericOrdia Se detenga un instante He intentado seguirle el ritmo, y sin ascOs confieso. Que he fracasadO.

Pensar en amor

Pensar en amor… Sentir que el universo y las estrellas Traman algo inmenso… Desear con todo el corazón Que algo o alguien Siembre en uno, la semilla de la fe Rogar por un poco de fuerza Para volver a creer. Y tener tanto miedo… tanto. Miedo de no poder sentir O de lo que no sabemos Que podemos llegar a sentir… Existirá realmente? Tendrá uno el valor de creer? Será capaz de sentirlo alguna vez?